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Así puede impactar el conflicto en Irán en el transporte por carretera europeo

Author: Roberto García

Aunque el conflicto en Irán se concentra geográficamente en Oriente Medio, sus efectos ya están repercutiendo en las redes logísticas y de transporte de Europa. El aumento de los precios del petróleo y el gas, las interrupciones en las rutas marítimas y los retrasos en el transporte aéreo están elevando los costes operativos y generando una mayor incertidumbre para los transportistas por carretera en un contexto ya de por sí inestable.

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Aumento del precio del petróleo y del coste del combustible

Cualquier tensión política en Oriente Medio —y más aún si es de carácter militar— suele provocar un aumento del precio del petróleo, que acaba trasladándose a los precios del combustible. En esta ocasión, la situación se ha intensificado aún más. Irán ha cerrado de facto el estrecho de Ormuz y ha amenazado con atacar a los buques enemigos que lo atraviesen. Esta situación, unida a la decisión de las aseguradoras de elevar las primas para las operaciones en la región, ha restringido de facto el tráfico marítimo por esta vía.

Cabe recordar que el estrecho de Ormuz canaliza una parte significativa de los envíos mundiales de petróleo y gas. Se estima que alrededor del 20 % del petróleo global pasa por este estrecho. Países del Golfo como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait e Irak —además del propio Irán— se encuentran entre los principales productores mundiales tanto de petróleo como de gas natural.

Como consecuencia, durante la primera semana del conflicto el precio del petróleo pasó de unos 73 dólares a 89 dólares por barril. La segunda semana comenzó con el precio superando los 100 dólares por barril, acercándose incluso a los 120 dólares alcanzados en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. Y esto ocurre apenas en la segunda semana del conflicto, sin que se vislumbre todavía una victoria militar ni una solución política.

El impacto de la guerra en los mercados energéticos ya está contribuyendo al aumento de los precios del combustible en Europa. Y esto ocurre incluso antes de que las interrupciones en el suministro tengan un efecto pleno en el mercado, ya que el combustible que actualmente se vende corresponde a reservas adquiridas anteriormente. Normalmente se necesitan entre dos y tres semanas para que las tensiones en el suministro se reflejen plenamente en los precios en las estaciones de servicio.

El aumento del precio del petróleo afecta directamente a los operadores de transporte por carretera, para quienes el combustible representa uno de los principales costes operativos, llegando a suponer hasta el 40 % del total. El incremento del precio del combustible y del transporte repercute en los presupuestos logísticos de toda Europa y presiona aún más los márgenes de transportistas y operadores logísticos.

Muchos transportistas europeos operan ya con márgenes muy ajustados, por lo que el encarecimiento del combustible puede agravar aún más su situación. Además, las subidas en el precio del carburante no se trasladan de forma inmediata ni proporcional a los contratos de transporte o a las tarifas de flete, lo que puede obligar a los transportistas a operar durante semanas con una rentabilidad muy baja o incluso con pérdidas antes de poder ajustar sus tarifas.

Efectos económicos más amplios

El encarecimiento del petróleo no solo supone una amenaza para el sector logístico, sino también para la economía en su conjunto. El aumento del precio del diésel incrementa el coste del transporte por carretera, lo que a su vez se traduce en precios más altos para los bienes transportados, especialmente alimentos y productos de consumo.

Este fenómeno ya se observó tras la invasión rusa de Ucrania, que provocó un fuerte repunte de la inflación en Europa durante 2022 y 2023 y una desaceleración económica de la que el continente aún no se ha recuperado completamente.

También hay que tener en cuenta el gas natural licuado (GNL), otro recurso energético clave procedente de Oriente Medio. Europa ha aumentado sus importaciones de gas desde esta región, especialmente tras el conflicto en Ucrania y la reducción del suministro ruso. Un bloqueo del Golfo Pérsico podría afectar a las flotas que funcionan con gas, a las operaciones logísticas intensivas en energía —como almacenes o instalaciones de almacenamiento en frío— y a numerosos procesos industriales que dependen del gas.

Una producción industrial menor o más costosa implica también menores volúmenes de transporte para transportistas y transitarios, lo que podría frustrar las expectativas de reactivación industrial en Europa.

Además del petróleo y el gas, Oriente Medio es una pieza clave en las cadenas de suministro de petroquímicos, fertilizantes y diversos insumos industriales. Las interrupciones en estos suministros podrían provocar escasez o volatilidad de precios en materiales utilizados por la industria europea.

El sector automovilístico europeo, por ejemplo, depende en gran medida del suministro de componentes electrónicos, semiconductores, productos derivados de la petroquímica y productos químicos especializados, todos ellos vinculados de una u otra forma a las cadenas de suministro globales.

Disrupciones en el transporte marítimo

El impacto del conflicto iraní no se limita al transporte por carretera a través del aumento del precio del combustible. Otros modos de transporte de mercancías a nivel global también están expuestos a sus consecuencias.

El transporte marítimo —responsable de aproximadamente el 90 % del comercio mundial— observa con preocupación la evolución de los acontecimientos en el Golfo Pérsico. Numerosos buques portacontenedores han comenzado a evitar la zona debido a los riesgos de seguridad y al aumento de las primas de seguro por riesgo de guerra. Dado que el puerto de Dubái es el noveno mayor del mundo, esta situación supone una pérdida significativa para muchos exportadores.

Además, el conflicto vuelve a poner presión sobre la ruta del mar Rojo y el canal de Suez. Durante los dos últimos años, muchas navieras han evitado este corredor marítimo debido a la amenaza de las milicias hutíes en Yemen. Aunque en las últimas semanas algunas compañías habían comenzado a regresar o a evaluar el regreso al canal, el recrudecimiento del conflicto podría frenar estos planes.

Pocas navieras estarán dispuestas a atravesar el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb —puerta de entrada al mar Rojo y al canal de Suez— junto a zonas controladas por los hutíes en Yemen. Esto significa que muchas rutas seguirán rodeando el cabo de Buena Esperanza, lo que implica trayectos más largos y costes de transporte más elevados en comparación con la ruta más corta a través de Egipto.

En consecuencia, los puertos europeos podrían enfrentarse pronto a diversos desafíos operativos, como llegadas irregulares de buques, picos repentinos en el volumen de contenedores, desequilibrios en los equipos —incluida la escasez de contenedores vacíos— y episodios de congestión portuaria.

Estas disrupciones afectan directamente al transporte por carretera, ya que las operaciones de camión dependen de flujos de contenedores estables y previsibles. Cuando los horarios marítimos se vuelven irregulares, los camiones suelen sufrir mayores tiempos de espera en los puertos, lo que reduce su productividad porque pueden realizar menos viajes al día.

Además, las empresas pueden enfrentarse a mayores costes por demoras y almacenaje, mientras que los operadores intermodales ven complicadas sus tareas de planificación debido a la incertidumbre sobre la disponibilidad de mercancías y el funcionamiento de los puertos.

Desafíos en el transporte aéreo

El transporte aéreo también podría verse seriamente afectado por la crisis en el Golfo, especialmente si se tiene en cuenta la importancia de los hubs de Dubái y Catar para las operaciones internacionales.

Además, el espacio aéreo ruso ya permanece cerrado o limitado para muchos operadores, lo que reduce considerablemente las opciones de rutas aéreas entre Europa y Asia.

El cierre del espacio aéreo en partes de Oriente Medio —incluidos Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait e Irán— ya ha interrumpido las operaciones de carga aérea, fundamentales para mercancías de alto valor o sensibles al tiempo, como productos electrónicos y farmacéuticos. La reducción de vuelos de carga y la necesidad de desviar rutas incrementan los costes y alargan los tiempos de tránsito.

Impacto en la producción just-in-time

Estos problemas afectan especialmente a los sistemas de producción just-in-time. Este modelo depende de cadenas de suministro altamente sincronizadas y fiables, por lo que cualquier retraso en el transporte marítimo o aéreo puede trasladarse rápidamente a las operaciones industriales.

Muchos fabricantes en Alemania y Europa Central dependen de flujos regulares de mercancías que llegan a través de grandes puertos como Rotterdam o Hamburgo. Cuando se producen disrupciones en estos nodos logísticos, sus efectos se extienden rápidamente hacia el interior, generando cuellos de botella en las redes de transporte por carretera.

Si los componentes críticos no llegan a tiempo, las líneas de producción pueden ralentizarse o incluso detenerse. En muchos casos, las empresas recurren al transporte aéreo de emergencia para mantener la producción, lo que incrementa significativamente los costes. Si el transporte aéreo tampoco está disponible, el riesgo de paralización total aumenta.

En este contexto, los volúmenes de transporte por carretera pueden fluctuar de forma imprevisible, mientras que la demanda de almacenamiento puede crecer rápidamente a medida que las empresas intentan crear inventarios de seguridad para protegerse frente a nuevas interrupciones.

Estrategias de mitigación

Para reducir la incertidumbre derivada del conflicto con Irán, muchas empresas europeas podrían seguir alejándose de las cadenas de suministro estrictamente just-in-time y adoptar estrategias más resilientes basadas en el modelo just-in-case.

Esto implica aumentar los inventarios de seguridad, diversificar proveedores para reducir la dependencia de regiones concretas, acercar parte de la producción a los mercados europeos (nearshoring) y mantener reservas estratégicas de materias primas y componentes críticos.

Estas medidas pueden reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro, aunque también transforman los patrones logísticos en Europa.

A corto plazo, estas estrategias probablemente incrementarán la actividad de almacenamiento y distribución, ya que las empresas mantendrán mayores inventarios y moverán mercancías con más frecuencia entre almacenes y centros de producción. Esto podría traducirse en un aumento del transporte doméstico por carretera y en una mayor demanda de servicios regionales de transporte.

A largo plazo, las cadenas de suministro podrían volverse más regionales y menos globalizadas. Esto supondría reducir la dependencia de importaciones de larga distancia y aumentar los flujos de mercancías dentro de Europa.

Sin embargo, estos cambios también tienen costes económicos: mantener inventarios más elevados inmoviliza capital y aumenta los gastos de almacenamiento, lo que puede contribuir a presiones inflacionarias adicionales.

El papel de las plataformas digitales de transporte

Las plataformas digitales de transporte como CargoON pueden resultar especialmente útiles para los transportistas en momentos de crisis.

Cuando los conflictos alteran las rutas comerciales, aumentan la volatilidad de los precios energéticos o interrumpen el transporte marítimo, los mercados de transporte por carretera suelen experimentar cambios imprevisibles en la demanda, escasez de capacidad y mayor incertidumbre operativa.

Las plataformas digitales ayudan a reducir estos desafíos al mejorar la transparencia, la flexibilidad y la eficiencia de las redes logísticas.

Una de sus principales ventajas es facilitar el acceso a capacidad de transporte. CargoON conecta a cargadores, transitarios y transportistas dentro de un amplio ecosistema de empresas verificadas en toda Europa, lo que permite encontrar rápidamente transportistas alternativos o asegurar capacidad adicional cuando cambian los flujos de mercancías.

Otro beneficio clave es la mejora de la visibilidad y la coordinación de las operaciones de transporte. Herramientas como el seguimiento en tiempo real de los envíos, la asignación automática de cargas o la comunicación centralizada permiten monitorizar retrasos y reaccionar con rapidez ante las interrupciones.

Las plataformas digitales también pueden mejorar la eficiencia en almacenes y terminales. Funcionalidades como la programación de muelles reducen los tiempos de espera de los camiones y la congestión, mientras que la automatización documental disminuye la carga administrativa.

En conjunto, estas plataformas refuerzan la resiliencia del transporte por carretera al facilitar la búsqueda rápida de transportistas, mejorar la comunicación y permitir decisiones basadas en datos.

Conclusiones

Para los transportistas por carretera, la situación del mercado tras el estallido del conflicto con Irán sigue siendo incierta.

El transporte por carretera europeo no se encuentra en la primera línea del conflicto, pero sí recibe el impacto de cada perturbación que atraviesa el comercio global.

Si las tensiones geopolíticas debilitan la producción industrial, los volúmenes de transporte podrían disminuir, lo que aumentaría la competencia entre transportistas y presionaría a la baja las tarifas de flete. Al mismo tiempo, el aumento de los costes operativos —especialmente del combustible— crea un entorno especialmente complejo para las empresas de transporte, que deben gestionar simultáneamente mayores costes y una demanda más inestable.

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